Museo de Historia Natural

En la más céntrica avenida de Pinar del Río hay un viejo palacete, orgullo de sus pobladores y parada obligatoria para el visitante que ante su majestuosidad suele aplazar las prisas y detener el tiempo. En Vueltabajo lo nombran el Palacio de Guasch, apellido del hombre que lo concibió y diseñó después, allá por el lejano 1914. Otros lo llaman el Museo de los Dinosaurios, apreciando los valores que se promueven, desde sus salas expositivas, hacia una cultura ambiental, ecológica y progresista en el campo de la conservación de la naturaleza y de las especies de la flora y la fauna, como su máximo exponente.

A través de los invisibles hilos de la tecnología nos asomamos a la historia que se guarda en este edificio, donde no solo intervienen los caballos marinos, los sapos y toda una variada gama de animales reales y fantásticos que poblaron la morada de la familia de su creador, sino que toca en los más íntimos recodos de su fundación como el Museo de Historia Natural "Tranquilino Sandalio de Noda", imbricando en semejante catarsis de formas una nueva etapa desde las colecciones científicas que atesora, sus exhibiciones, y la importante labor que tiene en la provincia de Pinar del Río como centro gestor de actividades de Educación Ambiental y principal coordinador de acciones de capacitación en Educación Popular Ambiental, lo que le ha dado la distinción de centro de referencia no solo en la localidad sino en ámbitos nacionales e internacionales. A ello se adicionan los principales protagonistas que en él han dejado huellas de su impronta material y humana.

Este Museo, por su singular belleza arquitectónica y el papel que juega dentro de las instituciones científicas de la provincia y del país, abre sus puertas al público real y virtual para ser visitado una y otra vez, garantizado la articulación y el intercambio con éstos y ofreciendo respuestas a las nuevas demandas de la sociedad en un mundo de constante transformación.

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